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Guerra del agua: ¿ahora sí empezó?

Congelado. Así dejará el Fondo Monetario Internacional [FMI] hasta fines de 2021, el pago de deuda de los países más pobres. Una iniciativa que comunicó Kristalina Georgieva, la directora gerente de la entidad. Y en pleno contexto de carencias pandémicas, el agua comenzó a cotizar en la bolsa de Wall Street, como si se tratara de oro o petróleo.

Respiro para los más pobres

Así comunicaba la institución que dirige Kristalina Gerogieva esta decisión al final de la cumbre del organismo financiero: «Estamos comprometidos en poner en práctica la Iniciativa de Suspensión del Servicio de Deuda [ISSD], incluida su prórroga hasta 2021, permitiendo que aquellos países elegibles para ello suspendan el pago de los intereses de la deuda bilateral oficial».

En opinión del economista José Luis Carretero Miramar, esta decisión del FMI «es un zurcido más y es echar el balón hacia adelante porque básicamente el problema fundamental es que con la dinámica de la crisis que ha generado la pandemia de COVID-19 se ha retroalimentado muchísimo más esa dinámica de crisis recurrente en las que había entrado el sistema capitalista a partir de 2008».

Es el agua, estúpido

Parafraseando aquel slogan —Es la economía, estúpido– de la campaña de Bill Clinton cuando era sólo un candidato presidencial y que terminó inclinando definitivamente la balanza a su favor, a partir de ahora parece que lo más importante por lo que se va a pelear, es por el agua.

Vale todo. No importa nada. Todo da igual. Un derecho humano, ahora pasa a engrosar absolutamente la fila, y las arcas de los mercaderes de bienes de lo que venga. A saber en qué quedan las resoluciones de la ONU al respecto:

«En noviembre de 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptó la Observación General nº 15 sobre el derecho al agua. El artículo I.1 establece que ‘El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna’. La Observación nº 15 también define el derecho al agua como el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico».

A propósito, el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020, señala que «el cambio climático va a influir negativamente en la cantidad y calidad del agua disponible a nivel mundial para satisfacer toda una serie de necesidades humanas básicas, lo cual irá en menoscabo del derecho fundamental de miles de millones de personas a tener acceso al agua potable y el saneamiento». Sin mencionar que en los últimos 100 años el consumo del líquido vital se sextuplicó.

Wall Street, como tiburón en el agua

Está claro que ese informe no contaba con que el líquido vital caería en manos de los tiburones de Wall Street, más allá de que es sabido que hay empresas privadas que cotizan en bolsa y que en muchas ciudades administran el agua de esta forma.

«Obviamente vamos a un camino en el que va a haber una serie de tensiones cada vez más creciente en torno a las materias primas básicas para sostener la vida, incluso para sostener la dinámica de crecimiento del sistema económico mundial. Y en estas circunstancias el agua se convierte en un elemento estratégico decisivo», explica Carretero Miramar.

Añade que «está cada vez más en el horizonte la llegada de esa situación en la que puede darse escasez de determinados recursos naturales, y entre ellos el agua».


«El agua ha sido siempre un elemento estratégico a nivel geopolítico internacional muy importante. Debemos tener en cuenta por ejemplo el agua es uno de los elementos más importantes en el conflicto palestino-israelí en estos momentos, y lo ha sido siempre en Oriente Medio», abunda el economista.

Llegados a este punto, y a propósito de la decisión del FMI dirigida a países pobres o en desarrollo, justamente muchos de esos países podrían un ‘tener protagonismo’ —para nada recomendable— en una posible guerra por el agua. Y es que en el top 10 de países que más reservas de agua dulce tienen, cuatro son latinoamericanos, y en el top 30, hay 10 países latinoamericanos.

Tomemos el ejemplo concreto del Acuífero Subterráneo Guaraní, una reserva de agua dulce localizada bajo los territorios de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Posee 37.000 kilómetros cúbicos de agua potable, un volumen que podría abastecer a la población mundial por 200 años. Está claro que este nuevo escenario de Wall Street pone al Acuífero Guaraní en el centro de la diana de la geopolítica global sobre su gestión.

Carretero Miramar observa que «va a haber cada vez más tensiones sobre el control de los acuíferos, va a haber más tensiones también sobre las dinámicas de su puesta en marcha, de su constitución o de su preservación, frente a las dinámicas más rapaces del capitalismo. En este sentido, el casino financiero se vuelca también a tomar el control geopolítico del agua. […] Lo cierto es que en estas circunstancias los grandes fondos internacionales y los grandes actores de los mercados de capitales, ven en esto una posibilidad de hacer fortunas».

«Vamos a ver toda esa dinámica de capitalismo salvaje y de casino financiero, que obviamente nos ha conducido hasta aquí, que ha llevado precisamente a ese agotamiento de los recursos naturales, implementarse con pleno salvajismo sobre un recurso natural imprescindible para la vida como lo es el agua», sentencia José Luis Carretero Miramar.

Con información de Sputnik

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