RESEÑA

“Somos náufragos desesperados en un mundo cruel”

El arte ayuda a desprendernos de ataduras burdas de la identidad. Aunque necesitemos esa identidad para tener cierto sentido de pertenencia. Eso lo tiene claro el autor de Diario negro de Buenos Aires. Ese autor es Federico Bonasso (Buenos Aires, 1967), quien desde siempre ha estado rodeada de literatura. Su padre escribió, y a su casa iban muchos escritores a tertulias literarias, en las que había y se hablaba de libros, por lo que, según cuenta, no le ha resultado tan extraño moverse en la industria editorial, luego de venir de ámbitos más bien musicales, tras liderar bandas como Juguete Rabioso en los noventa en México, o su proyecto más reciente: Subversión, que abandera como solista.

Pues bien, lo que sí le ha resultado un tanto extraño, tal vez sea mejor decir que propicio para la reflexión entre charla y charla, es la presentación de Diario negro de Buenos Aires, una novela con tintes autobiográficos (aunque los menos, cabe decir) con la que dio seguimiento a la búsqueda que, en todo caso, muestra mucho de la persona, más allá del escritor, del compositor o del cantante: “es un costado muy fuerte de mi alma, de mi corazón, de mi historia. Aunque, pasa por el humor, por el sarcasmo y un poco de fantasía que roza con el terror, no deja de estar expuesto mi corazón allí. Y a veces, cuando promuevo lo que escribí, no era tan consciente a la hora de escribirlo; y ahora que estoy haciéndolo, digo: ¡carajo, estoy haciendo un ejercicio de desnudamiento! Y no estoy tan seguro de que quiero hacerlo, asegura Bonasso, quien a pesar de esta exploración de vida en pos de los rasgos de su identidad robada en la infancia en la Argentina, él se siente mexicano… y argentino.

Acepta que parece más una utopía la idea de desprendernos de la identidad, en particular de esa que apunta al nacionalismo, ese sentimiento que, asegura Federico Bonasso, “entendido como un juego puede estar bien”, pero él apuesta más a “lo universal del sentimiento humano” para sus creaciones, que bien pueden ser un antídoto contra esas expresiones radicales de las ataduras de la identidad, como él mismo las define.

Al final, esta novela es una mezcla de géneros. Y aunque es corta, en ella hay ensaño, hay cuentos, hay poesía y hay canciones en torno a un niño que arrancaron de Argentina y que llegó a México. Que ese hecho influyó en la creación de Mexargentino, o un Argentinomexicano, o algo así. Y canta, y compone, y escribe, y canta. Y esa es su identidad.

Ese naufragio del que habla Bonasso puede propiciarlo lo mismo que propicia la exacerbación de la identidad nacional, por eso apela a una “identidad humana” como hoja de ruta para una especie cada vez más enfrentada, confrontada y moribunda, como náufragos.

Juan Levid Lázaro

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