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La FEU al Estilo Jalisco

Un joven de mochila raída camina bajo el sol de Guadalajara. En su bolsillo cuenta las monedas para el camión, sabiendo que el hambre se mide en pasajes. Al mismo tiempo, en una oficina climatizada de la Avenida Juárez, se terminan de pulir las cuentas de un presupuesto que no conoce de carestías. El joven cree que la protesta es por su bolsillo; los de arriba saben que la protesta es, en realidad, el prólogo de un contrato.
La rebelión por el aumento del transporte público en Jalisco ha pasado, en menos de una semana, del grito en la calle al susurro en el despacho. Fernanda Romero Delgado, la presidenta de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), inició el pasado 29 de diciembre una «cruzada» contra el aumento a 14 pesos. Habló de movilizaciones diarias, de concientizar al pueblo y de no dar un paso atrás frente al gobernador Pablo Lemus.
Pero en la política de «los amigos», la indignación suele durar lo que tarda en filtrarse un video.
Apareció entonces el «fuego amigo» o, como prefiere llamarlo la nomenclatura universitaria, la «guerra sucia». Un video anónimo —esos que casualmente nacen en los sótanos de los gobiernos— puso sobre la mesa una cifra que marea a cualquier estudiante de a pie: 400 mil pesos mensuales para «movilidad» de la dirigencia estudiantil. La joven Romero, con una rapidez que ya envidiarían los atletas olímpicos, salió a decir que el dinero no es para ella, sino para operar sus «25 secretarías». Curiosa aritmética: mientras el estudiante cuenta centavos para el transbordo, la burocracia estudiantil administra millones para «proyectos».
Lo más notable de este episodio no fue la denuncia, sino el silencio al interior de la “Maxima Casa de Estudios”. Un silencio de tumba guardado por los «jilgueros» de la radio y la prensa universitaria que fue señalado en diferente redes sociales:Los críticos implacables —Isaack de Loza, Víctor Magaña, Omar García y Jonathan Lomelí— de pronto parecieron perder el habla o, quizás, estaban muy ocupados en las celebraciones de fin de año.
Y así, tras el amago de guerra y el sutil chantaje del expediente financiero, llegó el milagro. El Gobernador Lemus, con esa sonrisa que parece ensayada frente al espejo del éxito, anunció la «paz social». Al lado suyo, la misma Fernanda Romero que ayer prometía marchar, hoy celebraba el «paso importante».
El acuerdo tiene el sello de la casa: la Tarjeta Única al Estilo Jalisco. Los estudiantes pagarán 5 pesos —la más baja del país, repiten como mantra— y el resto lo pondrá el erario. Una bolsa de mil 200 millones de pesos de dinero público para subsidiar un sistema que los mismos usuarios califican de ineficiente y peligroso.
Lo que parece una victoria estudiantil es, visto con el bisturí político, una operación de domesticación perfecta. Se congela la tarifa para los jóvenes a cambio de que la FEU abra módulos de registro en los planteles. La Universidad, de pronto, se convierte en la oficina de trámite del Gobierno. El «Estilo Jalisco» resulta ser eso: comprar la paz con el dinero de los mismos ciudadanos que pagan los 14 pesos de la tarifa técnica.
Ya lo saben los viejos lobos de la política: no hay protesta que aguante un subsidio bien colocado, ni dignidad que no se ablande ante una filtración de gastos de «movilidad» bajo la lupa.
Para que quede claro, revisemos el archivo de los últimos diez años. Es la historia de cómo pasar del asfalto al despacho, y del puño en alto al saludo de mano.
2016-2019: Los últimos días del «Rojo» y el ascenso de Medina
Bajo el gobierno de Aristóteles Sandoval, la FEU —entonces comandada por Alberto Galarza «El Rojo» -premiado como Senador por unos días- y luego por Jesús Medina— jugaba al equilibrio. Eran los tiempos de la «Bici Pública» y las críticas matizadas. Se gritaba contra el transporte, sí, pero siempre dejando una puerta abierta en la Secretaría de Gobierno. El estilo era el de la negociación técnica: datos contra datos. Fue la era donde la FEU empezó a sentarse en las mesas de expertos para «validar» lo que el poder ya había decidido.
2019-2022: El «Armentismo» y el choque de trenes
Con la llegada de Enrique Alfaro a Casa Jalisco, la música cambió. El gobernador, con su estilo de «aquí mando yo», decidió que no necesitaba intermediarios universitarios. La respuesta fue Javier Armenta.
Aquí el expediente se volvió negro:
La escena: Campamentos en Huentitán por el parque Iconia.
El dato: Tres estudiantes encarcelados, un rector marchando en las calles y una guerra declarada de «Gobernador contra Universidad».
Armenta representó la FEU del choque frontal, la que servía de escudo humano para las batallas del grupo Universidad. Fue la etapa del «todo o nada». El presupuesto universitario se convirtió en el rehén de una riña de cantina de altos vuelos.
2022-2025: El interregno de Zoé y la pacificación
Tras la tormenta de los juzgados y las prisiones, llegó Zoé García, la primera mujer al frente. Su papel en el juego fue el de la descompresión. El choque ya no era negocio para nadie. Se trataba de bajar los decibeles mientras el «Padillismo» se reorganizaba tras la muerte de su líder máximo. La FEU empezó a hablar más de «agendas de género» y menos de «toma de calles», preparando el terreno para lo que vendría, una bochornosa escenificación en el balcón de Palacio de Gobierno con unos cuantos “muchachos” como testigos.
2025-2026: El «Estilo Jalisco» de Fernanda Romero
Y llegamos al presente. Con Pablo Lemus en la silla y Fernanda Romero en la federación, la coreografía ha vuelto a la armonía perfecta. El «anzuelo» fue el aumento a 14 pesos; el «garrote» fue el video de los casi 500 mil pesos mensuales; y la «zanahoria» fue la tarifa de 5 pesos.
Es la culminación de una década: de la resistencia en el parque a la ventanilla de registro para la tarjeta del Gobierno. La FEU ha pasado de ser el dolor de cabeza del mandatario a ser su principal operadora de programas sociales en los campus.
Diez años después, el transporte sigue siendo caro para el trabajador, los camiones siguen siendo ataúdes con ruedas y el presupuesto de la Universidad sigue siendo el gran misterio de la fe. Lo único que ha cambiado es la generación de jóvenes que creen que ganaron una batalla, cuando en realidad solo les cambiaron la marca del collar.
Los líderes de la FEU terminan, casi invariablemente, en las nóminas del Congreso -Valeria Avila, Tonatiuh Blavo y Ernesto Gutiérrez, o en las regidurías -Chuy Becerra-. El «Estilo Jalisco» no es más que la vieja técnica de la cooptación con un nombre más moderno.
Hoy celebran en Casa Jalisco y en las oficinas de la FEU. Mañana, cuando el estudiante suba al camión y vea que la calidad sigue siendo la misma, comprenderá que su «derecho a estudiar» ha sido canjeado por una tarjeta de plástico.
Ya lo saben los viejos lobos de la política: no hay protesta que aguante un subsidio bien colocado, ni dignidad que no se ablande ante un expediente de gastos de «movilidad» bajo la lupa.
En X @DEPACHECOS