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Laura Haro tramita constancia de no antecedentes penales como filtro ético rumbo a la dirigencia del PRI Jalisco

En un gesto que busca elevar la vara ética dentro de la política estatal, Laura Lorena Haro Ramírez, aspirante a la dirigencia estatal del PRI Jalisco, acudió a tramitar su constancia de no antecedentes penales como parte de un ejercicio voluntario de transparencia.
Aunque este documento no es un requisito obligatorio dentro de los estatutos del partido para el proceso de renovación interna, Haro Ramírez subrayó que se trata de un acto de coherencia y rendición de cuentas frente a la ciudadanía. La aspirante tricolor, quien recientemente solicitó licencia a la presidencia del partido para buscar la reelección, afirmó que la certificación es apenas el primer paso de una serie de filtros que decidió asumir de manera personal.
Entre estos mecanismos, Laura Haro confirmó que se someterá a exámenes de control y confianza que incluyen pruebas psicométricas, polígrafo, estudios toxicológicos y evaluaciones integrales de salud, con el objetivo de presentar un expediente limpio ante la militancia priista y reforzar la credibilidad del proceso interno.
Esta postura retoma la narrativa que la propia Haro Ramírez impulsó durante su pasada campaña a la gubernatura de Jalisco, cuando exhortó a sus adversarios políticos a replicar este tipo de ejercicios de rendición de cuentas. No obstante, el planteamiento adquiere hoy un nuevo matiz en medio del complejo panorama de seguridad y de los recientes escándalos que han involucrado a figuras de otras fuerzas políticas en la entidad.
La iniciativa, señaló, busca reabrir el debate público sobre la urgencia de ampliar y endurecer los requisitos de elegibilidad en todos los niveles de representación. En ese contexto, consideró que los señalamientos y detenciones de personajes ligados a Morena y al Partido del Trabajo evidencian la necesidad de que los partidos políticos fortalezcan sus filtros internos.
Con esta acción, la ex diputada federal priista apuesta por colocar la integridad personal como un eje central de la competencia política y de la credibilidad pública, bajo la premisa de que la transparencia debe ser el filtro definitivo para que la ciudadanía tenga claridad sobre quién es quién, antes de llegar a las urnas o a las dirigencias partidistas.


