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La Única… forma de robar

Un ciudadano común se detiene ante la puerta de un camión en Guadalajara. No solo entrega sus monedas; ahora entrega su huella dactilar, el mapa de su iris y el historial de sus deudas. Lo que parece un acto de modernidad tecnológica es, en realidad, el despojo más sofisticado en la historia de la movilidad urbana. En Jalisco, el transporte ha dejado de ser un servicio para convertirse en un servicio de inteligencia comercial.
La aparición de la «Tarjeta Única» tiene un olor extraño, el aroma de las decisiones tomadas bajo la mesa antes de que se abran las urnas de la licitación. Observe usted este dato digno de un thriller de oficina: el aviso de privacidad de la empresa Servicios Broxel S.A.P.I. de C.V. tiene fecha del 16 de octubre de 2025.
Sin embargo, el fallo oficial de la licitación para manejar el sistema no se dio sino hasta el 31 de octubre del mismo año. Es decir, los señores de Broxel ya sabían que eran los ganadores quince días antes de que el Comité de Adquisiciones de Jalisco terminara de simular que evaluaba propuestas. En el «Estilo Jalisco», la burocracia no camina, vuela sobre la lógica del tiempo.
Pero el negocio no termina en el contrato. El gobierno de Pablo Lemus ha diseñado lo que los expertos llaman un «subsidio perverso»:
- La aritmética del engaño: El usuario paga 11 pesos, pero el Gobierno inyecta otros 3 de dinero público para que el transportista reciba sus 14 pesos íntegros.
- Premio a la chatarra: Como el subsidio se otorga sin metas de calidad ni verificación vehicular, al pulpo camionero le conviene dar el peor servicio posible.
- Más ganancia en la mugre: Si una unidad de buena calidad cuesta 12 pesos operarla y una chatarra cuesta 10, el dueño de la chatarra se echa al bolsillo 4 pesos de utilidad por cada pasaje, mientras que el que invierte en calidad solo gana 2.
Es un sistema diseñado para que el ciudadano viaje como ganado mientras el empresario factura como magnate.
Lo más oscuro de este expediente no es el dinero, sino la información. Al registrarse para la Tarjeta Única, el ciudadano le entrega a una fintech privada —respaldada por Visa— acceso total a:
- Datos Biométricos: Huellas, rasgos faciales y patrón de voz.
- Historial Crediticio: Sus deudas, sus créditos y su capacidad de pago.
- Mercadotecnia: El uso de su información para socios comerciales.
Están bancarizando la pobreza para venderla al mejor postor. Ya no es solo el negocio de los camiones; es el negocio de saber qué come, qué debe y por dónde camina cada tapatío.
Bajo el discurso de la «ciudadanía global», nos están recetando una vigilancia de cuarta. Mientras el gobernador sueña con que la tarjeta se acepte en Qatar o Londres, el usuario sigue esperando en la esquina un camión que nunca llega a tiempo y que, cuando lo hace, viene convertido en una cámara de humo y riesgo.
Cuando la política pública se convierte en el mostrador de una tienda de conveniencia, lo que se vende es la dignidad del pueblo. En benefio del negocio de unos cuantos.
Gracias a Álvaro Quintero @alvaro_qc por sacar a la luz la información de Broxel que utilizo en ésta columna.
En X @DEPACHECOS











